Decirle que no al perfeccionismo

Decidí ya no fingir mi perfección

0217-tilson-translation

Olivia Tilson es columnista de vida para The Cavalier Daily.

Emma Klein | Cavalier Daily

El artículo no expresa las opiniones o posiciones de los traductores. El artículo es una versión traducida del artículo que se encuentra a continuación: enlace

Escritor original: Olivia Tilson

Traducido por: Aldo Barriente y Diana Albarracin

Decidí que ya no quiero ser perfecta. Pasé mis dos últimos años de la secundaria detrás de esta perfección porque creía que era lo necesario para mi éxito y para vivir una vida con propósito. Ahora con un año y medio en la universidad sigo intentando ser perfecta. ¿Pero vale la pena?

Por años estuve segura de que tenía que darle todo a actividades extracurriculares y clases “necesarias”. Sentía la obligación de demostrar mi capacidad a través de mis calificaciones ya que comencé con un nivel académico más bajo que el de mis mejores amigos. Pasé mi primer año de la secundaria con la creencia que el fútbol era el centro de mi vida. Cuando llegó mi tercer año de la secundaria, resultó que ya ni quería jugar al fútbol. Me encantaba ser parte de un equipo, pero el fútbol ya no se sintió importante para mí.

Cuando fui consciente de que mi pasión por el fútbol se apagó, decidí enfocarme en la escuela ya que siempre trabajaba bien en ella, pero no tanto como sabía que podía hacerlo. Entonces me dedique a lo académico, y todo lo demás se volvió poco importante para mí.

En ese tiempo, lo más importante para mí era sacar una “A”  en mi clase avanzada de la historia de los EE. UU. Tomaba otras clases difíciles, pero en esta clase sentí la obligación de demostrar que era capaz de hacerlo. Aunque no tenía mucha comunicación con mi maestro, me fue bien en la clase.

Cuando llegué a la universidad, traté de hacer mi mejor esfuerzo en las actividades extracurriculares, lo que fuera para aparentar el éxito en mi currículo a empleadores potenciales. Muchos de mis conocidos aceptan esta idea de intentar ser perfectos, y de hecho creo que en casi todos los aspectos de la vida están en lo correcto.

Sin embargo, recientemente siento que es difícil distinguir entre los momentos cuando debo intentar de hacer mi mejor esfuerzo y cuando debo parar, relajarme o simplemente disfrutar cualquier actividad sin tener estrés. Hay ciertas actividades en las cuales debo hacer mi mejor esfuerzo, pero también hay aquellas que debo disfrutar sin preocuparme del resultado.

Mi argumento principal viene de cómo los buenos hábitos del trabajo se convirtieron en una cultura de hábitos de trabajar bien duro. No estoy contenta cuando trabajo el día entero y termino presionando demasiado mental, fisica, y emocionalmente, pero varios líderes exitosos todavía proponen esta manera de hacer las cosas.

Estos hábitos de trabajar duro aparentan a una persona como eficaz, eficiente, y moderno. Imaginen a la mujer que lo hace todo. Es madre, tiene una carrera exitosa, tiene su propio negocio, y además va al gimnasio cinco días a la semana.

Ya me cansé de tratar y tratar de ser perfecta. Es agotador, poco realista, y además hay demasiadas definiciones del éxito para poder alcanzarlas todas. De hecho, nunca me dediqué totalmente al perfeccionismo, sino que siempre  admiré e intenté aparentar ser perfecta, o por lo menos ser aquella chica que trabajaba durisimo.

Este año, para una de mis clases, leí un artículo nombrado “Men, Women and U.S. Politics [Hombres, Mujeres y Política de los EE. UU.”], que citó a Maria Pascucci, la fundadora de Campus Calm, una organización dedicada a ayudar a las mujeres universitarias a comprender que no necesitan ser perfectas. "En nuestra sociedad, ser perfeccionista es una forma de auto-abuso glorificada y socialmente aceptable", escribió Pascucci. No estoy completamente segura de estar de acuerdo con el alcance de esta cita, pero sí estoy de acuerdo con el mensaje principal. Trabajar duro se ha glorificado dentro de nuestra sociedad hasta el punto en que aspectos normales de la vida humana, como el ocio y la relajación o cualquier cosa clasificada como "tiempo de inactividad", conlleva algo de culpa para la mayoría de las personas.

Sigo trabajando duro en las cosas que me importan, pero ya no me concentro en la elaboración de un currículo que demuestre que tan balanceadas son mis habilidades. Esto me ha ayudado a aliviar mucho el estrés que he tenido en los últimos años.

Como estudiante universitaria de segundo año, estoy bastante cerca del momento en que necesito declarar una especialización y me inclino hacia la política o los asuntos exteriores. Ambos de estos intereses caen en diferentes programas que requieren solicitudes, como el programa Batten o el programa de Estudios del Desarrollo Global. Me di cuenta de que tenía cinco programas que podían coincidir con mis intereses. Pensé que si me postulara a todos ellos, maximizaría mis posibilidades de entrar en uno.

Mientras trabajaba en las solicitudes, me di cuenta de que ni siquiera estaba segura de si estaba interesada en la mitad de los programas a los que me estaba postulando, solo sabía que tenía los requisitos previos y estaba preocupada por desaprovechar la oportunidad de participar en dichos programas. Sé que no tiene nada de malo solicitar a esos programas, pero en este caso, me di cuenta de que estaba solicitando principalmente porque me gustaba la idea de estar en un programa "exclusivo". Después de indagar acerca de mí misma con mis amigos y mi madre, me di cuenta de que ni siquiera estaba eligiendo programas basados en mis intereses u objetivos futuros, sino más bien basado en el prestigio de estos programas.

Decidí no solicitar a los cinco programas que estaba considerando. En cambio, he decidido continuar mi proceso de solicitación con los programas que sé que disfrutaría si me aceptaran.

Todavía me cuesta no intentar ser perfecta porque no soy muy buena para reajustar mis expectativas. Sin embargo, nunca fui muy buena al tratar de ser perfecta, me sentía culpable por no ir al gimnasio, faltar a las reuniones de mis asociaciones o dejar de estudiar. Todavía a veces me siento culpable por estas cosas, pero también he empezado a darle menos importancia moral a los aspectos de mi vida que no son indicativos de quién soy.

Solía ​​considerarme una persona "mala" cuando decidía no ir al gimnasio o perdía una oportunidad de obtener crédito extra en una clase. Me imaginaba decepcionando a mis padres y me sentía culpable por no apreciar todas las oportunidades que ellos me habían brindado. Sentía que, para poder apreciar mis oportunidades, tenía que esforzarme al máximo y esforzarme por "ser perfecta", pero esto me llevó a estándares poco realistas y no necesariamente a un futuro "más brillante".

No estoy alentando a los estudiantes a que se olviden completamente de su educación o que aprecien menos sus oportunidades. Simplemente creo que yo debería dejar de sentirme como si hubiese maltratado moralmente a alguien cuando no hago mi mejor esfuerzo. También creo que es justo tener un enfoque más ligero en algunos aspectos de mi vida. No necesito dar un 110 por ciento de mí misma en todas las actividades extracurriculares en las que participo. Está bien no hacer el trabajo extra para obtener puntos extras en mi calificación si prefiero dormir más.

En última instancia, no estoy proponiendo un cambio innovador en mi enfoque de la vida. No me hubiera llamado perfeccionista hace un año, y definitivamente no me consideraría una ahora, pero he decidido dejar de glorificar el perfeccionismo. Y esto me ha hecho una persona más feliz.

related stories