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MEHTA: El beneficio de plataformas retóricas, y el costo de su negación

Conversar con una variedad de opiniones que reflejan nuestra realidad tiene increíble importancia, ahora más que nunca

El artículo no expresa las opiniones o posiciones de los traductores. El artículo es una versión traducida del artículo que se encuentra a continuación: enlace

Escritora original: Sarita Mehta

Traducido por: Aldo Barriente y Sam Liss

En 1963, Jean Piaget realizó su estudio de Cobija y Balón. Piaget les mostró a los bebés un juguete, luego lo escondió debajo de una cobija y observó si buscaban el juguete. Los niños que buscaron el juguete entendieron la permanencia del objeto, lo que significa que entendieron que un objeto todavía existe, incluso si no se puede ver ni escuchar. Como estudiantes universitarios, debemos recordar este concepto. El hecho de que no escuches o estés de acuerdo con una opinión o persona no significa que no existan. Y una Universidad no es el lugar para esconder cosas debajo de una cobija: es un lugar para mirar fijamente al mundo, por intolerante, roto y odioso que sea, y para cambiarlo.

Aquellos que argumentan que Mike Pence no debería hablar en la Universidad no consideran profundamente que casi la mitad de nuestro país votó por Mike Pence, la mitad de nuestro país apoya sus creencias, por dañinas que sean. No verlo ni escucharlo no lo cambia. Aquí, quiero ser claro: no escribo para validar la plataforma o las opiniones de Pence. Sin embargo, escribo para apoyar que él hable en la Universidad y para cuestionar la afirmación de que permitir que Mike Pence hable es antitético a la misión de la Universidad. La Universidad busca desarrollar líderes ciudadanos y preservar la democracia. No permitir que Mike Pence hable es una divergencia de estos principios.

Al evitar a quienes tienen opiniones diferentes, no preservamos el compromiso sobre las diferencias que es esencial para una sociedad democrática. La Universidad debería recibir a Pence ya que, independientemente de su presencia o ausencia en la Universidad, sus puntos de vista reflejan una parte importante de nuestro país. No escuchar una opinión hiriente no altera la existencia de estas opiniones en nuestra democracia. ¿Permitir que Pence hable de alguna manera cambiará la mente de los miles que votaron por él y comparten sus creencias? ¿Cambiará las opiniones de Pence? Dejar presentar a Pence es una oportunidad de comprometerse con los sentimientos de nuestra nación de los que muchas veces nos alejamos: es una oportunidad de confrontar nuestra realidad política en su valor nominal. La existencia del racismo, la intolerancia y el odio propugnados por Pence es profundamente preocupante, al igual que la construcción de espacios que perpetúan la ilusión de su ausencia. Ahora más que nunca, el engaño al servicio de la seguridad y la comodidad es un precio que nuestra nación no puede pagar. La polarización y la división que asfixian a nuestra democracia no exigen más desprecio por otras opiniones, sino reunir hasta el último gramo de coraje para mirar el mundo tal y como es. La universidad es el lugar para tener conversaciones difíciles, el lugar para relacionarse con el otro lado; si no es aquí, ¿Dónde?

Entiendo que una figura como Pence es una fuente de incomodidad y sufrimiento de muchos estudiantes quienes han sufrido a manos de lo que él representa. Mi deseo no es menospreciar esta experiencia. Sin embargo, cualquier debate normativo sobre las acciones de una Universidad tiene que ser sobrepasado con el propósito de la Universidad. El propósito más importante de una Universidad es educar. Como James Baldwin lo propuso, la educación debe “cultivar la habilidad en una persona para mirar al mundo por sí mismo, para tomar sus propias decisiones, para decir por si mismo si esto es negro o es blanco”.  

El deber de una Universidad es mostrar el mundo sin filtrar, al permitir a los estudiantes determinar por sí mismo lo que es el bien y el mal así como también permitiéndoles interactuar con la incomodidad de la diferencia. Es la naturaleza humana de buscar aquellos que les parecen, pero una Universidad es uno de los pocos sitios donde estamos empapados en la diferencia—en los antecedentes, la religión y los valores. La democracia requiere emplear estos tipos de diferencias para desarrollar a los individuos quienes puedan ponerse de acuerdo, quienes puedan llamar la atención el uno al otro, quienes puedan ir más allá de las diferencias más viscerales y forjar una sociedad y comunidad más comprensivas. La democracia no manda ni expresa la perfección, sino la humanidad. 

Mike Pence no es una anomalía ideológica. Como el anterior vicepresidente de los EE.UU., tiene una perspectiva poderosa y sirve como un recordatorio de la colección de valores y opiniones sostenidos por muchos en todo la nación. Alojar a Mike Pence no se valida sus opiniones, sino se las presenta para nuestro debate. Las ideas, valores y opiniones que nos implicamos se deben recibir con debate talmúdico y razón y pasión. La medida de la unidad y los horizontes de nuestro futuro colectivo dependen de este enfrentamiento. Las universidades son los baluartes cruciales contra la división y la divergencia de nuestro país — las arenas de opinión están sujetas al tamiz de la razón aquí más que en cualquier sitio. 

Últimamente, una universidad no sirve para pronunciarse sobre cuáles valores debemos sostener y cual expresión o pensamiento es aceptable—como estudiantes haciendo una educación, este deber legítimamente es nuestro. No creo que sea fácil de llamar la atención de un espectro amplio de opiniones, especialmente en el clima político y social de hoy en día, pero es lo que es correcto. Se requiere paciencia y esperanza, se genera el sufrimiento y el dolor, pero así es cómo podemos comenzar a avanzar hacia una sociedad verdaderamente democrática caracterizada por tanto la comunidad como el respeto—el sacrosanto de ideales de la Universidad. Esto no llega por nunca mirar las partes feas de nosotros mismos—de hecho, se requiere que recibamos esa fealdad con una mirada igual. A esa hora solamente podemos forjar una realidad política que acoge y valora a todo el mundo. Como el viejo proverbio perso dice “Si no le gusta la imagen en el espejo, no rompa el espejo, rompa su cara”. 

Sarita Mehta es estudiante de cuarto año en la Facultad de Artes y Ciencias. Ella es miembro estudiantil de 2021-22 de la Junta de Visitantes y está en la Junta Consejera del Instituto de Democracia Karsh. Se puede contactar en opinion@cavalierdaily.com

Las opiniones expresadas en esta columna no son necesariamente aquellas de The Cavalier Daily. Las columnas representan solamente la perspectiva del autor.

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