Nota de la editora: Este artículo fue escrito originalmente por Charley Thomas el 3 de septiembre de 2026. Trabajamos para preservar el significado original en la traducción, pero no lo podemos garantizar.
Justo cuando los estudiantes universitarios piensan que han dejado atrás los peligros de los trabajos preparatorios y las obsesiones por la puntuación de los exámenes estandarizados en la secundaria, los exámenes de entrada para solicitudes de programas de posgrado comienzan en la segunda ronda. Estas puntuaciones de examen pueden conseguir una plaza en una universidad de tus sueños o descartar candidatos para instituciones de élite, subiendo la presión para obtener buenos resultados. Consecuentemente, aquellos que quieran tomar su educación más allá de títulos de grado tienen que balancear la preparación para el examen con clases, actividades extraescolares y otras experiencias de grado, lo que supone una carga para la apretada agenda del estudiante.
El LSAT, MCAT y GRE son los tres exámenes más comunes requeridos por programas de estudios de posgrado. Ante un mercado laboral difícil, un incremento en la inflación pospandémica y la incertidumbre del impacto de la inteligencia artificial en la fuerza laboral, más y más estudiantes están cursando estudios de posgrado — una tendencia capturada por el artículo de New York Times titulado «The Master’s as the New Bachelor’s.» Para los examinantes, este pico en demanda se ha traducido en incrementos en la registración de exámenes y medianas de las puntuaciones, animando aún más a los alumnos a que estudien con dureza.
Junto con la carga psicológica de los exámenes inminentes, los examinantes se enfrentan a una barrera financiera considerable. El MCAT, LSAT y GRE cuestan $355, $253 y $220, respectivamente — solo para la registración del examen. Servicios preparatorios se añaden a este total, muchas veces ascendiendo a miles, mientras los estudiantes se esfuerzan por conseguir una puntuación perfecta.
Kristin Tidey de estudiante del College de cuarto año se va graduar de la Universidad en 2027 y espera empezar la facultad de derecho el otoño que viene. Teniendo en cuenta que los procesos de admisión son cada vez más competitivos, ella empezó a estudiar para el LSAT en septiembre de 2025. Tidey dijo que el proceso de preparación había sido diferente a sus experiencias anteriores en los exámenes.
«Requiere más tiempo y es más difícil que el ACT», dijo Tidey. «Si fuera el ACT … hubiera estudiado durante un mes y habría estado bien, pero … no es tan fácil como los exámenes estandarizados que hemos hecho [antes]. Tú necesitas dedicar mucho tiempo».
El LSAT consiste en dos tipos de secciones — Razonamiento Lógico y Comprensión Lectora — y, además, una parte argumentativa sin puntuación al final. Preguntas de Razonamiento Lógico retan a los examinantes a que analicen argumentos breves, evaluando su capacidad para reconocer defectos, haciendo inferencias demostrables y aplicando principios abstractos a ideas desconocidas. La porción de Comprensión Lectora hace que los examinados lean pasajes más largos y respondan a las preguntas de contenido correspondientes. A pesar de sus estructuras distintas, ambas secciones requieren una comprensión rápida de material complejo, lo que Tidey destacó como un reto clave.
«La sincronización definitivamente es [difícil]. Nunca he tenido un problema con la sincronización de exámenes estandarizados antes,» dijo Tidey. «Las preguntas simplemente son bastante más difíciles. Tienes que entrenar tu cerebro a trabajar en un modo específico para que no tengas que entrenarlo para otros exámenes estandarizados».
De manera similar, Riley Kane, estudiante de cuarto año de Educación, tiene como objetivo obtener el título de Doctor of Physical Therapy. Kane debe tomar el GRE para postularse a la mayoría de los programas del campo profesional. El GRE requiere que los estudiantes demuestren maestría en una variedad amplia de sujetos a través de tres secciones de Redaccion Analitica, Razonamiento Verbal y secciones de Razonamiento Cuantitativo. Adicionalmente, el GRE ofrece exámenes de materias específicas en psicología, matemáticas y física.
A diferencia del LSAT o del MCAT, las preguntas del GRE varían en función de las respuestas de los examinados, lo que supone un reto para los estudiantes a la hora de adaptarse a un estilo de examen con el que quizá no estén familiarizados y que, según Kane, no había vuelto a encontrar desde la secundaria.
«Las preguntas cambian en función de las respuestas que des», explicó Kane. «Si aciertas, te llevará por un camino, pero si te equivocas, te hará retroceder… Voy a intentar prepararme aprendiendo la mejor manera de abordar este formato».
Hasta ahora, Kane ha abordado el estudio del GRE de forma similar a como se prepara para los exámenes de la universidad: explorando recursos en línea, como lecciones en vídeo grabadas o incluso vídeos de TikTok, para subsanar cualquier laguna de comprensión.
«En la universidad, si tengo alguna duda sobre un tema, puedo buscar en YouTube o en Internet a alguien que me lo explique mejor», explica Kane. «Sobre todo en un examen como este, que es tan general y tan amplio, si puedo obtener algún consejo de una fuente gratuita, como YouTube, sería estupendo».
Kane afirmó que aprende mejor mediante la memorización activa, que consiste en escribir o expresar oralmente las respuestas para fijarlas en su memoria. Esta estrategia le ha funcionado bien en el programa de kinesiología de la universidad, pero Kane expresó una ligera preocupación sobre su aplicabilidad al contenido del GRE.
«Tendré que adaptarme, porque he estado cursando muchas asignaturas relacionadas con mi especialidad, mientras que ahora voy a estudiar [temas como] la gramática», dijo Kane.
Mientras que el método de estudio de Kane es principalmente autodirigido, Tidey ha optado por servicios formales de preparación para el LSAT. Utilizó 7Sage, un curso en línea para el LSAT, antes de presentarse al examen por primera vez en abril pasado. Sin embargo, Tidey afirmó que el estilo de enseñanza general del programa no siempre le resultaba adecuado. Con la esperanza de mejorar su puntuación en el LSAT de agosto, se cambió a Blueprint, que ofrece clases en directo, lecciones grabadas, ejercicios para hacer en casa y horas de tutoría.
Aunque el programa de Blueprint cobra la elevada suma de 1.999 dólares por estos lujosos servicios de estudio, incluye una cláusula: si Tidey no obtiene una puntuación de 170 en el LSAT de agosto —lo que la situaría en el percentil 95—, le devolverán todo el dinero.
«Las explicaciones [en 7Sage] no eran muy buenas… Simplemente no me parecían muy lógicas», dijo Tidey. «Poder plantear mis propias preguntas y comprender las cosas por mí misma me parece mucho mejor [para] mi estilo de aprendizaje… [Blueprint] se centra, sin duda, más en el aprendizaje individualizado y en apoyar a cada persona».
Catherine Goldstein, estudiante de cuarto curso de la universidad, se presentó este mes al MCAT para ampliar sus oportunidades profesionales en el ámbito clínico tras graduarse. A diferencia del LSAT, el MCAT incluye preguntas de contenido, lo que implica que los examinados deben memorizar datos específicos que no aparecerán en los pasajes del examen. A lo largo de sus cuatro sesiones, los estudiantes deben demostrar dominio y un conocimiento profundo de fenómenos biológicos, químicos y psicológicos. Afortunadamente para Goldstein y sus compañeros de premedicina, las asignaturas de la universidad asumen parte de la considerable carga de estudio.
«Muchas de las asignaturas que estoy cursando… tienen contenidos que se solapan con [el MCAT], así que eso me ha resultado de gran ayuda», afirmó Goldstein. «Aprender esa [información] para los exámenes es, sinceramente, como estudiar para el [MCAT] en sí mismo».
Además de su peso en el proceso de admisión, el MCAT es importante como indicador del grado de preparación de la aspirante para afrontar el exigente entorno de la facultad de medicina. Goldstein afirmó que es fundamental terminar la carrera con una sólida formación científica, y que el MCAT ayuda a evaluar qué contenidos de los cursos universitarios realmente ha asimilado.
«En su nivel más básico, es una parte clave de tu solicitud de admisión a la facultad de medicina», dijo Goldstein. «En cierto modo, combina todo lo que he aprendido en ciencias desde que llegué a la universidad, así que será interesante ver hasta qué punto soy capaz de recordar y sintetizar la información».
Para disponer de tiempo suficiente para aprender, practicar y memorizar los contenidos, Goldstein dedicó la mayor parte de su estudio al MCAT durante el verano. Afirmó que compaginar los exámenes de práctica completos —que duran unas 7,5 horas— con el estudio a tiempo completo y las clases universitarias resultaría muy difícil.
Kane se encuentra en una situación similar: compaginaba el estudio del GRE durante el verano con unas prácticas de fisioterapia deportiva ambulatoria y un trabajo en un restaurante de su ciudad natal, Newport News (Virginia). Tidey, por su parte, comenzó a estudiar para el LSAT durante el curso académico. Dedicó varias horas al día al estudio a lo largo de ambos semestres de su tercer año, incorporando la preparación para el examen a un apretado calendario académico.
«Es cierto que no salía ni quedaba con mis amigos tanto como antes, pero sin duda seguía manteniendo el equilibrio», afirmó Tidey. «Seguía yendo al gimnasio todos los días, seguía teniendo tiempo para los deberes… y asistía a todos los cumpleaños de mis amigos y cosas así. Creo que sin duda es factible, pero hay que prepararse para no tener tiempo libre».
A pesar de las diferentes experiencias, surgió un denominador común entre los aspirantes a estudios de posgrado entrevistados por The Cavalier Daily: una falta generalizada de orientación por parte de los tutores y del personal especializado en orientación profesional. Tidey explicó que se las apañó en el proceso de estudio prácticamente por su cuenta, lo que la llevaba a preguntarse constantemente si iba por buen camino.
«Pensaba que iba por delante cuando estudiaba durante el curso, y luego me enteré de que había gente que ya se había presentado [al LSAT]», dijo Tidey. «La última fecha para presentarse, si quieres pasar directamente [a la facultad de Derecho], es agosto… Nadie te dice realmente cuál es el calendario ni cuándo tienes que tener las cosas listas».
Goldstein expresó una opinión menos crítica y señaló que sus profesores y profesores adjuntos a veces dedican tiempo en clase a llamar la atención de los estudiantes sobre contenidos que han aparecido en el MCAT. Sin embargo, también señaló varios aspectos de la preparación en los que el plan de estudios de la universidad podría mejorar.
«Una parte considerable de las preguntas del MCAT se basa en artículos científicos», afirmó Goldstein. «Sería útil aprender a analizar artículos científicos [más a fondo en clase], ya que es una habilidad sumamente importante».
Sin embargo, lo que resulta más discutible es hasta qué punto exámenes como el LSAT, el MCAT y el GRE pueden reflejar con precisión la capacidad de un estudiante para tener éxito en una amplia variedad de programas de grado. En opinión de Kane, por ejemplo, el GRE queda en segundo plano frente a la formación práctica en fisioterapia.
«Lo equipararía probablemente al SAT… puede demostrar que alguien es muy bueno haciendo exámenes y que podría obtener muy buenos resultados… No diría que sea un indicador muy preciso [del éxito en la carrera de fisioterapia]», afirmó Kane.
Tanto si los aspirantes fallan su primer GRE, como si sacan una nota espectacular en el LSAT o se presentan varias veces al MCAT por si acaso, Tidey subrayó que la nota de un examen no lo es todo a la hora de solicitar el acceso a programas de posgrado para los estudiantes universitarios. Es simplemente uno de los muchos pasos que los estudiantes deben dar en sus largos y singulares caminos hacia sus carreras profesionales.
«Confía en el proceso. Sea como sea, todo saldrá bien», afirmó Tidey. «Aunque al final no consigas la puntuación que deseas, acabarás yendo a la facultad de Derecho, a un máster o a la facultad de Medicina… es un proceso que lleva tiempo».




